NO, TODAVÍA NO HE MUERTO. HE VUELTO.
Después de unos meses… vuelvo.
Sí, sigo viva. Aunque muchos ya empezaban a dudar de mi existencia.
He desaparecido durante un tiempo, lo sé. Y vuelvo con cambios. Muchos. Muuuchos. Algunos buenos, otros ya veremos y otros que todavía están en esa categoría de “no tengo ni idea de cómo va a acabar esto”.
Pero aquí estoy otra vez.
Y quizá lo más apropiado es decir que volvemos para Año Nuevo.
Y sí, los que me seguís desde hace tiempo ya sabéis que para mí —y para el 70% de la humanidad, aproximadamente— el Año Nuevo empieza en septiembre.
Porque septiembre tiene algo. Es como estrenar vida sin haber cambiado de vida. Terminan las vacaciones, empieza el curso, cambia la rutina y, de repente, a finales de agosto, piensas que tienes una energía que vas a poder volcar en septiembre.
Ojo: no es que tengas esa energía, es que te convences de que la tendrás.
Jejejeje.
Y entonces piensas:
“Venga. Últimos días de agosto. Este año sí. Voy a hacer mi plan anual.”
Y elaboras mentalmente unos objetivos absolutamente alucinantes.
En tu cabeza eres imparable.
Después llega la práctica y…
pufff.
Pero a lo que vamos.
SEPTIEMBRE
Empieza septiembre y empiezan también los propósitos.
Propósitos nuevos. Saludables. Maravillosos.
Casi siempre el primero es:
la dieta. Pero no cualquier dieta. No.
Real food.
Alimentos saludables, nada de procesados, cantidades exactas de proteína, de carbohidratos… Todo perfectamente calculado.
Después llega el entrenamiento funcional, el CrossFit o cualquier actividad que implique que durante las primeras semanas te preguntes por qué demonios has decidido hacer esto voluntariamente.
Si hay niños, empieza el cole. Y esta etapa también es importante.
Berrinches, cambios de horarios, madrugones, carreras, mochilas, deberes…
Las primeras semanas son una adaptación.
Para los niños.
Para los padres.
Y también para los abuelos.
Para todos.
Porque septiembre no perdona a nadie.
Y luego hay otro cambio.
Están los que llegan a septiembre después de unas benditas vacaciones diciendo:
“Ya no aguanto más a mi jefe. Me voy a buscar otro trabajo.”
Y aquí empieza otra película.
Porque desde fuera cambiar de trabajo parece fácil.
“Pues buscas otro y ya está.”
Claro.
Qué bonito.
Qué sencillo.
Qué europeo todo.
Porque el mercado laboral en España no funciona exactamente igual que en otros países europeos. Aquí la edad, la experiencia, el sector y un montón de factores pueden hacer que aquello de “me voy y encuentro algo mejor” no sea precisamente un paseo por el parque.
Pero aun así hay gente que se lanza.
Y, sinceramente, lo interesante no es tanto el trabajo que dejan como el riesgo que están dispuestos a asumir.
Porque esa persona puede estar muy quemada.
Pero MUY quemada.
O puede ser alguien tremendamente valiente, con mucha confianza en sí mismo y con ganas de salir de su zona de confort.
Y ya sabéis:
quien no arriesga, no gana.
O eso dicen.
LA AGENDA
La mía, por supuesto, está a mil.
A mil de cosas.
Pero no penséis que tengo una lista perfectamente organizada con mis prioridades, objetivos trimestrales y casillas para marcar.
No.
Tengo una agenda llena de cosas que no tienen ningún sentido juntas.
Cosas que tengo que hacer hoy.
Cosas que tengo que cocinar.
Cosas que quiero hacer a largo plazo.
Una formación más —porque sí, ¿y por qué no?—. Siempre es bueno reciclarse, aprender cosas nuevas y, ya de paso, engordar un poquito el currículum.
Tengo ideas para ahorrar.
Cosas sobre las que invertir.
Deportes que quiero probar.
Y hasta notas que ponen literalmente:
Para hacer ya.
Así que esto de planificar porque llega Año Nuevo se me ha subido un poquito demasiado a la cabeza.
Y lo peor es que realmente necesito planificar, organizar y priorizar.
Qué palabras tan bonitas.
Planificar.
Organizar.
Priorizar.
Palabras que a los de Recursos Humanos les encantan.
Las dices en una entrevista y probablemente alguien al otro lado empieza a asentir con entusiasmo.
“Es una persona organizada, proactiva y orientada a objetivos.”
Sí.
En teoría.
Luego llegas a casa y tienes 17 notas en el móvil que dicen “hacer YA”.
¿Y POR QUÉ HE ESTADO TANTO TIEMPO SIN PUBLICAR NADA?
Pues porque no tenía tiempo.
Así de sencillo.
He estado centrada en lo personal, en otras cosas, en otras prioridades… y no encontraba el momento para sentarme delante del ordenador y escribir.
Y cuando no encuentras el momento, pasan los días.
Y luego las semanas.
Y después los meses.
Y un día te das cuenta de que llevas demasiado tiempo sin publicar.
Pero…
¡FALLIDOS Y FALLIDAS!
Aquí estoy de nuevo.
Me espera un septiembre agridulce.
Dulce porque voy con ganas.
Con muchas ganas.
Y agrio porque no sé exactamente cómo irá el asunto en sí y hasta dónde llegarán esas ganas. 😁
Y quizá ahí está precisamente la gracia.
Porque empezamos un nuevo año, pero aún quedan días de verano, ya lo decía Amaral en su canción. Y eso, sinceramente, tampoco está nada mal.
Tanto, que ya casi se podría rumorear que la segunda quincena de septiembre acabará catalogándose oficialmente como periodo estival.
Pros y contras para los trabajadores, claro.
Pero ese es otro debate.
ADAPTARSE. EL SECRETO TURBIO DE LA VIDA.
La vida sigue.
Mejor.
Peor.
Diferente.
Pero sigue.
Y quizá el verdadero secreto —ese secreto turbio del que nadie habla demasiado— sea adaptarse.
Adaptarse a lo que hay.
A lo que tienes.
A lo que puedes conseguir.
Y, sobre todo, aprender a no vivir por encima de tus posibilidades.
Quizá la felicidad tenga bastante más que ver con eso de lo que pensamos.
Con saber dónde estás.
Con aceptar lo que tienes.
Con intentar mejorar lo que puedas.
Y con dejar de compararte con la vida de los demás, que siempre parece mucho más organizada desde Instagram.
Porque septiembre llega con sus promesas, pero también con sus incertidumbres.
Y eso está bien.
Así que…
¿Cómo se presenta vuestro septiembre?
¿Con ganas? ¿Con miedo? ¿Con nuevos proyectos?
¿Con ganas de mandar a vuestro jefe a paseo? ¿Con CrossFit? ¿Con dieta?
¿Con niños empezando el cole? ¿O simplemente intentando sobrevivir a la vuelta de vacaciones?
Recordad que septiembre puede ser un antes y un después.
Yo, de momento, voy a intentar mantener el moreno, que para eso no tengo que pensar demasiado.
Y poco a poco iré organizando mi lista y mi vida.
Porque una cosa sí tengo clara:
hemos vuelto.
Y esta vez…
volvemos con pilas, y espero que sean Duracell.
NO, TODAVÍA NO HE MUERTO. HE VUELTO.
Después de unos meses… vuelvo.Sí, sigo viva. Aunque muchos ya empezaban a dudar de mi existencia.
He desaparecido durante un tiempo, lo sé. Y vuelvo con cambios. Muchos. Muuuchos. Algunos buenos, otros ya veremos y otros que todavía están en esa categoría de “no tengo ni idea de cómo va a acabar esto”.
Pero aquí estoy otra vez.
Y quizá lo más apropiado es decir que volvemos para Año Nuevo.
Y sí, los que me seguís desde hace tiempo ya sabéis que para mí —y para el 70% de la humanidad, aproximadamente— el Año Nuevo empieza en septiembre.
Porque septiembre tiene algo. Es como estrenar vida sin haber cambiado de vida. Terminan las vacaciones, empieza el curso, cambia la rutina y, de repente, a finales de agosto, piensas que tienes una energía que vas a poder volcar en septiembre.
Ojo: no es que tengas esa energía, es que te convences de que la tendrás.
Jejejeje.
Y entonces piensas:
“Venga. Últimos días de agosto. Este año sí. Voy a hacer mi plan anual.”
Y elaboras mentalmente unos objetivos absolutamente alucinantes.
En tu cabeza eres imparable.
Después llega la práctica y…
pufff.
Pero a lo que vamos.
SEPTIEMBRE
Empieza septiembre y empiezan también los propósitos.Propósitos nuevos. Saludables. Maravillosos.
Casi siempre el primero es:
la dieta. Pero no cualquier dieta. No.
Real food.
Alimentos saludables, nada de procesados, cantidades exactas de proteína, de carbohidratos… Todo perfectamente calculado.
Después llega el entrenamiento funcional, el CrossFit o cualquier actividad que implique que durante las primeras semanas te preguntes por qué demonios has decidido hacer esto voluntariamente.
Si hay niños, empieza el cole. Y esta etapa también es importante.
Berrinches, cambios de horarios, madrugones, carreras, mochilas, deberes…
Las primeras semanas son una adaptación.
Para los niños.
Para los padres.
Y también para los abuelos.
Para todos.
Porque septiembre no perdona a nadie.
Y luego hay otro cambio.
Están los que llegan a septiembre después de unas benditas vacaciones diciendo:
“Ya no aguanto más a mi jefe. Me voy a buscar otro trabajo.”
Y aquí empieza otra película.
Porque desde fuera cambiar de trabajo parece fácil.
“Pues buscas otro y ya está.”
Claro.
Qué bonito.
Qué sencillo.
Qué europeo todo.
Porque el mercado laboral en España no funciona exactamente igual que en otros países europeos. Aquí la edad, la experiencia, el sector y un montón de factores pueden hacer que aquello de “me voy y encuentro algo mejor” no sea precisamente un paseo por el parque.
Pero aun así hay gente que se lanza.
Y, sinceramente, lo interesante no es tanto el trabajo que dejan como el riesgo que están dispuestos a asumir.
Porque esa persona puede estar muy quemada.
Pero MUY quemada.
O puede ser alguien tremendamente valiente, con mucha confianza en sí mismo y con ganas de salir de su zona de confort.
Y ya sabéis:
quien no arriesga, no gana.
O eso dicen.
LA AGENDA
La mía, por supuesto, está a mil.A mil de cosas.
Pero no penséis que tengo una lista perfectamente organizada con mis prioridades, objetivos trimestrales y casillas para marcar.
No.
Tengo una agenda llena de cosas que no tienen ningún sentido juntas.
Cosas que tengo que hacer hoy.
Cosas que tengo que cocinar.
Cosas que quiero hacer a largo plazo.
Una formación más —porque sí, ¿y por qué no?—. Siempre es bueno reciclarse, aprender cosas nuevas y, ya de paso, engordar un poquito el currículum.
Tengo ideas para ahorrar.
Cosas sobre las que invertir.
Deportes que quiero probar.
Y hasta notas que ponen literalmente:
Para hacer ya.
Así que esto de planificar porque llega Año Nuevo se me ha subido un poquito demasiado a la cabeza.
Y lo peor es que realmente necesito planificar, organizar y priorizar.
Qué palabras tan bonitas.
Planificar.
Organizar.
Priorizar.
Palabras que a los de Recursos Humanos les encantan.
Las dices en una entrevista y probablemente alguien al otro lado empieza a asentir con entusiasmo.
“Es una persona organizada, proactiva y orientada a objetivos.”
Sí.
En teoría.
Luego llegas a casa y tienes 17 notas en el móvil que dicen “hacer YA”.
¿Y POR QUÉ HE ESTADO TANTO TIEMPO SIN PUBLICAR NADA?
Pues porque no tenía tiempo.Así de sencillo.
He estado centrada en lo personal, en otras cosas, en otras prioridades… y no encontraba el momento para sentarme delante del ordenador y escribir.
Y cuando no encuentras el momento, pasan los días.
Y luego las semanas.
Y después los meses.
Y un día te das cuenta de que llevas demasiado tiempo sin publicar.
Pero…
¡FALLIDOS Y FALLIDAS!
Aquí estoy de nuevo.
Me espera un septiembre agridulce.
Dulce porque voy con ganas.
Con muchas ganas.
Y agrio porque no sé exactamente cómo irá el asunto en sí y hasta dónde llegarán esas ganas. 😁
Y quizá ahí está precisamente la gracia.
Porque empezamos un nuevo año, pero aún quedan días de verano, ya lo decía Amaral en su canción. Y eso, sinceramente, tampoco está nada mal.
Tanto, que ya casi se podría rumorear que la segunda quincena de septiembre acabará catalogándose oficialmente como periodo estival.
Pros y contras para los trabajadores, claro.
Pero ese es otro debate.
ADAPTARSE. EL SECRETO TURBIO DE LA VIDA.
La vida sigue.Mejor.
Peor.
Diferente.
Pero sigue.
Y quizá el verdadero secreto —ese secreto turbio del que nadie habla demasiado— sea adaptarse.
Adaptarse a lo que hay.
A lo que tienes.
A lo que puedes conseguir.
Y, sobre todo, aprender a no vivir por encima de tus posibilidades.
Quizá la felicidad tenga bastante más que ver con eso de lo que pensamos.
Con saber dónde estás.
Con aceptar lo que tienes.
Con intentar mejorar lo que puedas.
Y con dejar de compararte con la vida de los demás, que siempre parece mucho más organizada desde Instagram.
Porque septiembre llega con sus promesas, pero también con sus incertidumbres.
Y eso está bien.
Así que…
¿Cómo se presenta vuestro septiembre?
¿Con ganas? ¿Con miedo? ¿Con nuevos proyectos?
¿Con ganas de mandar a vuestro jefe a paseo? ¿Con CrossFit? ¿Con dieta?
¿Con niños empezando el cole? ¿O simplemente intentando sobrevivir a la vuelta de vacaciones?
Recordad que septiembre puede ser un antes y un después.
Yo, de momento, voy a intentar mantener el moreno, que para eso no tengo que pensar demasiado.
Y poco a poco iré organizando mi lista y mi vida.
Porque una cosa sí tengo clara:
hemos vuelto.
Y esta vez…
volvemos con pilas, y espero que sean Duracell.

1 Comentarios
Eres genial! Y eso ya es una ventaja para afrontar Septiembre y para Vivir!
ResponderEliminar¿Tienes algo que decir? ¡Recuerda! siempre con respeto