Febrero: Reinicio Real

Después de un tiempo… un mes… volvemos por aquí.

Y no, no estaba perdida.
Estaba desconectada, que no es lo mismo. A veces hay que desenchufarse como quien apaga el router cuando todo va lento y la vida empieza a cargar en bucle.

Enero ya os lo dije: no es un buen mes.
Para mí no es el comienzo del año. Es ese pasillo largo y frío que no puedes saltarte, pero tampoco disfrutar demasiado. Un mes de trámite.
El verdadero comienzo para mí ya sabéis cuál es. 😉 (pincha aquí si quieres saberlo, jejeje).

Enero es… enero.
Un “ya veremos qué pasa, cómo se dan los días”.
Sin más.

Volviendo al ruedo

Hace unos días, hablando con unos compis, estaban buscando recetas fit. Ya sabéis: cocina saludable, sin azúcares añadidos, muy de moda todo.
Quien me conoce sabe que a mí me gusta todo: comida tradicional, moderna, ahora lo fit… todo lo que sea comestible me interesa. Me gusta probar, mezclar, darle la vuelta a las cosas. Jejeje.

La cosa es que me ofrecieron garbanzos con espinacas.
Sí, ellos se acababan de comer unos buenos garbanzos con espinacas y, acto seguido, estaban buscando una receta fit y dulce. Así estamos.

Oye… olían de escándalo, no os voy a mentir. Pero no.
Yo llevaba mi comida porque había empezado mi dieta post-Navidad.

Y claro, me soltaron:
—¡Jolín! Muy post-Navidad, ¿no? Si estamos en febrero.

Y sí. Así es.
Ahora empieza lo bueno.

Bienvenido, febrero

Febrero llega cargadito.
Con lluvias, fenómenos atmosféricos ya un poco cansinos… y fiestas.

- La Candelaria, que ya pasó.

- San Valentín, día ideal para sorprender a tu pareja, sobre todo si estás en esa fase del romance empedernido donde parte del sueldo se va en un regalo.

- Carnaval… recuerda que con una bolsa de basura puedes hacer un gran disfraz (vídeo tutorial).

Y, por supuesto, como andaluza que soy, el 28 de febrero, Día de Andalucía.

Y este año, más que nunca, no solo por nuestro clima, nuestra comida, el carácter o la chispa que siempre nos define.
También por la fortaleza que se está viendo estos días.

Porque cuando la lluvia aprieta y todo se pone cuesta arriba, esta tierra demuestra algo muy claro:
que sabe levantarse, ayudarse y hacerle frente a lo que venga.
Sin ruido. Sin drama. A la andaluza.

¡Viva Andalucía!

La pregunta que siempre llega cuando me ven sonreír

Y aprovechando estas líneas, el otro día una chica me dijo:
—¿Qué haces para siempre estar feliz?

Ojo: me lo preguntó en febrero, importante el dato. 
En enero no me ha visto ni el pelo; si no, esta pregunta no habría nacido. Sin más.

Y la respuesta es sencilla: no siempre lo estoy.

Habrá coincidido que cada vez que hemos hablado me ha visto sonriente, con buena cara y buena actitud. Pero eso no significa que esté feliz 24 horas al día.
Nueve horas dormimos.
Y el resto… la vida pasa.

El día a día a veces es duro. Cada uno tiene sus problemas, más grandes o más pequeños, pero problemas son.
Eso sí: que yo no esté bien no significa que tenga que arrastrar a los demás a mi nube gris. No arregla nada. Al contrario.

Salir al mundo con la idea de que todo va mal suele atraer más de lo mismo.
Y créeme: no merece la pena.

Si puedes solucionar algo, maravilloso.
Y si no, da lo mejor de ti igualmente.
No porque seas fuerte todo el tiempo, sino porque te respetas.

Por cierto, mi marido no cree que yo sonría tanto… al menos en enero. 😉

Lo que no se ve (pero también existe)

En Instagram vemos el 2 % de la vida de alguien.
Lo bonito. Lo que brilla. Lo que parece perfecto.
Y entonces aparece la comparación.
Y detrás de todo eso está la famosa “magia de Instagram”:
mostrar lo que quieres, cuando quieres.

Y estos días, incluso en espectáculos que duran menos de treinta minutos pero paralizan al mundo entero frente al televisor —como el show de la Super Bowl—, vuelve a confirmarse lo mismo: solo vemos lo que nos muestran.

Puede gustarte más o menos un artista, su música o su estilo.
Puede que el mensaje lo haya lanzado porque quiso… o porque tocaba hacerlo.
Puede que estés de acuerdo… o no.

Pero la cuestión no es esa.

La cuestión es que, detrás del escenario, siempre hay algo más.
Un relato.
Una intención.
Una imagen cuidadosamente construida.

Y ahí vuelve a aparecer la famosa magia de la pantalla:
se muestra lo que se quiere mostrar.
Lo que conviene.
Lo que mantiene la narrativa en marcha.

Lo demás… no siempre lo vemos.

Un mes para tomar las riendas

Así que sí, este momento del año viene movidito.
Ya depende de ti qué quieres celebrar… y de qué manera.

Y recuerda:

“No todo empieza el 1 de enero, ni todo lo bonito se ve, ni todo el mundo está siempre bien… y no pasa nada.
Así que vamos, febrero: con ganas y siendo nosotros mismos.”

Porque la vida no se mide en meses ni en filtros.
Se mide en momentos que decides vivir de verdad, en risas robadas, en pasos que das aunque no tengas claro el camino, en decisiones pequeñas...

Febrero no es solo un mes, es el aviso de que todo lo que viene puede ser nuestro.
Y yo ya estoy lista para contártelo.

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