Hola, comunidad fallida!
¿Habéis visto que ya he encontrado un buen saludo? Ya era hora… un año de esfuerzo y constancia, oye. Algo tenía que salir bien. 😏
Venga, vamos a lo interesante…
Se está acercando ese momento del año en el que hay que afinar el olfato… y el gusto.
Esa época que no todo el mundo entiende… como el café sin azúcar (aunque en casa lo tomo así) o madrugar por gusto (eso ya no lo negocio).
No solo te voy a invitar a que salgas a ver pasos y tronos…
Te invito a algo igual de importante: comer como manda la temporada.
¿Sabes ya por dónde voy?
Hoy no he venido a hablar de procesiones…
He venido a hablaros de lo que de verdad mueve el mundo: la comida.
Y en especial, de ese postre fabuloso, exquisito y simple al máximo:
LA TORRIJA. 🤤
Amigos, amigas… en Sevilla ya huele a incienso, las plazas se llenan de músicos y las bandas empiezan a sonar como si el corazón tuviera altavoces.
Y mientras tanto… la torrija aparece.
Como ese amigo que no falla nunca… pero este plan es mejor: viene con azúcar y cero dramas.
Vamos, que la torrija en Semana Santa es como el villancico en diciembre: inevitable… y menos mal.
Punto y aparte.
Quien me conoce, lo sabe:
hacer la torrija se me da bien.
Y oye, lo digo sin falsa modestia: estoy orgullosa.
Porque sí, puede parecer algo simple… pero una buena la torrija es como un abrazo sentido:
caliente, dulce y con capacidad de arreglarte el día sin hacer preguntas.
Que te recuerden por tus torrijas… eso ya es legado.
Eso no pesa… eso cotiza alto en la memoria de la gente.
Total, que ya ha llegado el momento. No lo puedo posponer más.
Ya han empezado las indirectas: algún amigo, alguien de la familia…
Ese típico “¿y este año qué?” que suena más a amenaza que a pregunta.
Yo me estaba resistiendo… pero claro…
a mí también se me ha antojado, soy así.
Porque una torrija no te llama… te hace ghosting si no le haces caso y luego vuelves tú arrastrándote.
Así que este año no sé cuántas tandas caerán, pero hoy empezamos fuerte:
mitad clásicas, mitad con Nutella.
Porque si vamos a liarla… la liamos bien.
Que por cierto, esa hormona… ¿cómo se llamaba?
Bueno, da igual:
las torrijas te la suben más rápido que encontrar dinero en un abrigo que no te ponías desde el invierno pasado.
Os voy a dejar el utensilio que uso para rellenarlas (que tiene su truco)
y, si todo sale como debe… alguna foto con pintaza.
O eso espero.
Porque una cosa está clara:
LA TORRIJA no falla…
pero la fotógrafa… bueno… va en prácticas.
Y ahora sí, damos la bienvenida como se merece:
bienvenida, Semana Santa.
La receta buena, la de verdad, la tienes aquí 👉torrija 👈
(yo no repito recetas… que luego pierden la magia 😏)
Y tú… ¿eres del team torrija?
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