El otro día fui a un concierto. Lo digo así, como si me hubiera apetecido salir a merendar y punto. ¡Ojalá! Para comer puedes reservar el mismo día, pero para un concierto tienes que comprar la entrada con años de antelación, como si estuvieras organizando tu boda con el mismo cantante. Es de locos, ¿verdad? Por el lado bueno, tienes tiempo de sobra para organizarlo todo. Por el malo, en un año pueden pasar tantas cosas que igual, cuando llega el día, ya ni te gusta el artista. Pero ahí estás tú, cumpliendo con tu yo del pasado. Es lo q…